Frio lituano en Salt. ¿Neurosis o perversión? (Sobre Hamletas de Korsunovas)

No es una crítica, es un análisis. No obedece al deseo obsesivo del instante efímero. No es la versión de el balcón de la espera, es la mía propia.  @sedocamax

Entras a la sala y ya te atraviesa. Te sientas y la disposición son nueve actores de negro, de espaldas al público que se reflejan en unos espejos. ¿Son nueve o dieciocho? Una escena a modo de prólogo al margen absolutamente del texto original pero que le da todo el sentido, que abre y cierra el contenido. Silencio, ¿tú quién eres?, ¿tú quién eres?, ¿tú quién eres…? Repetición que va aumentando el tono y la violencia, en continuo sobrecogimiento durante tres intensos minutos que te acorralan y te hunden en tu plácida butaca. Dejas de ser espectador a ser cómplice de la propuesta, es inevitable no hacer tuya la pregunta.

Korsunovas exploró con “Miranda”, adaptación de “La tempestad” de Shakespeare, la relación del individuo con un estado paternalista que te oprime y te reprime pero que cuando se ausenta,  sufres las consecuencias y tardas en (re)construirte, tal vez ni se consiga. Con la adaptación de Hamlet, el director lituano, pone en el centro de la escena el análisis del yo consciente y el otro (el inconsciente),  no somos amos de nuestras emociones, éstas gobiernan nuestras vidas y la culpa nos acompaña en la tragedia de nuestras decisiones. Si Miranda es el análisis del Estado como violador de individuos, Hamletas es la violación del propio yo por nosotros mismos.

Las propuestas de Korsunovas, son atrevidas y la propia definición de contemporáneas, no solo por sus interpretaciones y puesta en escena, sino por sus profundas reflexiones sobre el sentido, la producción y las consecuencia de los actos del sujeto posmoderno. Realmente, hasta donde yo conozco, el verdadero teatro hipermoderno y radicalmente contemporáneo viene del este de Europa. No tienen nada que ver con los dramas burgueses de la Europa occidental, de personajes que se descomponen en su inacción y su gris cotidianidad, proponiendo inocuos viajes al interior de héroes caducos. La influencia viene de otros lugares, de la biomecánica de Meyerhold, de la ruptura del teatro revolucionario con el naturalismo, con todo lo anterior, y de la posibilidad más que de la creencia de que el teatro sirve para arrancar a  los espectadores de su cómoda mirada vouyerista y puede y debe permanecer como estructura de pensamiento y de cambio.

La primera consecuencia lógica es el impresionante trabajo actoral, sobre todo físico, son como obreros mecánicos en eterno movimiento, nada de artistas elevados, sudan, bailan, no paran ni un instante. Algo que me llamo la atención, fue el actor elegido para protagonizar Hamlet, su estética me desconcertó, nada de modelo canónico y espectacular, nada del Hamlet estereotipado y construido en el imaginario colectivo, sencillez y austeridad, Hamlet podría ser cualquiera de nosotros. Otro acierto es hacer que un mismo personaje represente tanto al fantasma paterno de Hamlet como a su hermano traidor,  advirtiéndonos de que el poder es transformador y su seducción nos atrapa a todos por igual, independientemente de quién sea el que lo ejerza. La madre de Hamlet vestida de cuero negro en una escena incestuosa, muestra la erótica del poder y su lado más sadomasoquista y/o perverso. Y otra enorme sorpresa es la representación de la muerte de Ofelia. En nuestro inconsciente está fijado el cuadro de Ophelia de John Evertt Millais. En cambio Hamletas, simplemente la diferencia a partir del color blanco y la identificación viene a partir de las flores blancas como significante de altar y de muerte, en una Ofelia pelirroja y pequeñita que no para en ningún momento de moverse.

 

Por unos instantes Hamletas te hechiza y te hace creer que no hay otro Hamlet posible. La experiencia es extrasensorial, hiperreal, no te identificas con nada, no es este el concepto, simplemente te invade, te coloniza, te atraviesa, te noquea, es un teatro físico dónde la palabra es lo de menos.

Además Korsunovas utiliza todos los recursos necesarios para superar la propia idea de teatro que conocemos. Si en “Miranda”, llegué a sentir terror, emoción que yo presuponía solo era posible experimentar en el cine, por su capacidad de sorpresa y representación de lo fantasmagórico. En Hamletas, hay una superación más de la conquista del espacio y una vez más el director consigue trasladar algo propio del lenguaje cinematográfico al lenguaje teatral. En una escena,  el espacio se divide en tres, cómo la pantalla partida en el cine y el tiempo que se presenta no es lineal. En el tiempo presente, el padre de Ofelia lee la carta enviada por Hamlet a su tío, a la derecha vemos al  propio Hamlet en el momento que escribe la carta y a la izquierda a Ofelia cuando la recibe. Es de una gran sencillez pero de una gran dificultad, cada espacio habitado por un personaje tiene un tiempo determinado y proporciona diferente información que el espectador recibe simultáneamente. La sensación es la misma que la de la pantalla fragmentada, una maravilla.

Destacar además el espacio sonoro, uno de los últimos espacios que queda por experimentar y conquistar en el teatro contemporáneo. Histriónico, burlesco y aterrador se erige como un lugar más, te envuelve y aunque se mueve en los márgenes, siempre está presente, cuando aparece consigue encogerte el corazón. Consigue que el audio sea un lugar habitable más de la ficción o de la realidad que se nos presenta, el más allá.

La obra también juega con aspectos circenses y podríamos decir surrealistas. Difícil encajar los segundos a pesar de ser significantes que daban sentido al universo propuesto, pero me chirriaba aunque ni me importó, un personaje disfrazado de ratón a modo de mascota.

Otra consideración es la de los entreactos en obras de larga duración (3.15h.), si la razón es el público pienso que es una absurdo, rompe el ritmo, enfría y te aleja de la realidad, si es por los actores, es comprensible, aunque no estoy seguro que ellos quieran, necesiten o propongan parar.  Decir que a pesar de que Korsunova soluciona a la perfección el paréntesis, hablando del teatro dentro del teatro, ya nada vuelve a ser lo mismo, la obra también se aleja de la originalidad del texto e impide que la experiencia sea completa.

La copa de cava de la postfunción estuvo llena de risas y carcajadas en una noche de frio lituano. ¿Neurosis o perversión?

Aquí os dejo enlace del vídeo más interesante que he encontrado en la red

xa5gwn_w-shakespeare-hamlet-dir-oskaras-ko_creation

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