EL “AMOR” DE HANEKE Y EL SILENCIO

La actitud hacia las películas de Haneke es la de enfrentarse a ellas, nadie que se expone a una obra del director austriaco puede quedar indiferente. Son un acontecimiento que trasciende y supera el concepto de espectáculo. Me es difícil definir la relación del cine con Haneke, podríamos partir de la idea que el arte es una técnica para crear belleza, pero cualquiera de las películas del director distan mucho de considerarse bellas, podríamos afirmar que Haneke utiliza el cine para producir sentido, pero para una sociedad acostumbrada a la eyaculación precoz[1]  y sobre todo en el cine, los planteamientos del director se alejan de cualquier idea mecánica e industrial, apostando más por una oscura y reversible seducción en la que el espectador juega un papel fundamental. Pero no desde el punto de vista clásico de observador pasivo o voyeurista hedonista, no hay otro director que conozca mejor al público o mejor dicho a la mirada del público, Haneke siempre tiene el poder y sus películas en ese sentido dejan de ser seductoras, reversibles para ser absolutamente irreversible y poderosas.

Al comienzo de “Amor” ya identificamos el estilo perturbador y perverso de Haneke con un plano general frontal de la platea de una sala de teatro. Aquí ya nos confronta a la ficción propuesta, invierte nuestra mirada y pasamos de nuestra cómoda ubicación como espectador a ocupar el lugar del artista, nuestros ojos están en el escenario y además nos obliga a buscar entre el público a los personajes y  a la motivación del plano, la mirada se dispersa incapaz de focalizarse en un punto y el espectador pasa de observador a ser observado por la propia película.

A partir de aquí, la historia transcurre en un enorme piso de París cuya decoración y disposición nos remite al SXX, más que al XXI, todo tiene aroma a siglo pasado, nada de tecnificación, resaltando más la degradación propia del paso del tiempo que la idea que cualquier época pasada fue mejor. Haneke conoce a la perfección la más alta cultura burguesa, los personajes tienen un alto nivel cultural, no solo por su profesión sino por la posesión de objetos que así los reafirma, piano, discos de vinilos, libros… Claramente el director nos encierra en un lugar que está despareciendo y al mismo tiempo es la manera de mostrarnos cómo hemos llegado hasta aquí. No hay concesiones en el cine de Haneke y a pesar de que todo transcurre en un solo lugar, la sensación no es de asfixia sino más bien de final de una época y no solo la de los protagonistas.

Entre esas paredes no entra casi nada, los personajes sellan su vida cotidiana y la tragedia que acontece, ninguna de las personas que entran en contacto con los dos protagonistas parece tener capacidad para comprender la dimensión de la tragedia sin caer en una estúpida condescendencia o una caridad inútil. Incluso la hija (Isabell Hupper) es vista como una intrusa que molesta más que ayuda. Haneke en este sentido es demoledor, “…estas cosas no se deberían ver…”, le dice Trintignat a Hupper, avisándonos de que no hay nada que pueda aplacar el dolor de una vida que se escapa a través del humillante dolor de la degradación lenta y constante del ser humano. Nada hay peor que ese proceso, que no se debería ver pero que Haneke nos muestra, a través de un estilo austero y directo, con su habitual fuera de campo pero con una casi ausencia de primeros planos, como queriendo evitar la identificación directa con los personajes, si un primero plano es el alma de un personaje, el director nos distancia de ese alma que no deberíamos ver pero que no podemos dejar de mirar. Por encima de todo el orden, le dice en un momento George a Anne, un orden que mantiene hasta el final y que parece ser parte del amor que sienten el uno del otro. Un orden que se verá puesto en duda pero en el que a pesar de todo insisten en él. La relación padres-hija en este sentido es reveladora, la hija pertenece a otro mundo, desestructurado, fragmentado y resbaladizo, la confrontación emocional y de gestión de la tragedia es clara. El padre solo piensa en la cotidianidad, en el paso de los días hasta el final, ya no hay esperanza. La hija solo pretende evitar el dolor, que desaparezca de su vista, buscando como alternativa que sea la institución quién se haga cargo de su madre.

Llegado a este punto, me veo obligado a hablar de los actores, Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva, creo sinceramente que el máximo nivel al que puede llegar un actor delante de la cámara se aprecia en esta película.  No creo que pueda haber mayor nivel de interpretación, estos actores en su madurez demuestran como una convención como es el cine puede ser más mucho más, muchísimo más. Para mí  (re)presentan a lo que debe aspirar cualquier actor, no hay más, nunca vi algo parecido.

Alejado del cine espectáculo pero siempre incidiendo en que en cualquier momento puede ocurrir cualquier cosa, la ausencia de música es más que la metáfora de dos personajes que apartan al final de sus vidas aquello que ocupó la mayor parte de sus vidas. Ausencia de música, ausencia de primeros planos, elipsis excepcionales, la tragedia puede llegar en cualquier momento, en el acto cotidiano de servirse una taza de té ocurre todo, cuando ya no sé es capaz ni de realizar ese acto sencillo cotidiano. Es una historia de un ritmo preciso que al principio te muestra un final que no volverás a ver y donde por primera vez veo en Haneke atisbo de cierta ternura, pero de una ternura que duele, que te desgarra, que te desangra. Llevando a los personajes al límite, no hay alternativa, el paso al acto solo es cuestión de tiempo.

No puedo decir que fue un placer ver “Amor”  o que me gustó o que lo pase bien viéndola. Haneke se antepone al cine-espectaculo y da esperanza a aquellos que creen que el cine también es una forma de conocimiento, de reflexión profunda, una herramienta necesaria para no darnos concesiones y golpearnos, tal vez para despertar.

Con “Amor”, te reconcilias con el cine, con el arte, pero quedas congelado con la vida.

…y al final me pregunto si la muerte de Ofelia es definitiva y para siempre, y con ella el fin del romanticismo y la modernidad…

Silencio

Girona, enero 2013. @sedocamax


[1] De la seducción. J. Baudrillard

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Una respuesta a EL “AMOR” DE HANEKE Y EL SILENCIO

  1. montse font dijo:

    HOLA SERGIO. GRÀCIES PEL COMENTARI SOBRE LA PELI. ESTIC D’ACORD I TAMBÉ M’HAS AJUDAT A VEURE MOLTS DETALLS QUE A MI SE’M VAREN ESCAPAR.
    MONTSE

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