La construcción del no relato y de la mirada. Blow up y Las babas del diablo.

2013-05-24 12.39.44Una gran metrópolis vacía que ve interrumpido un extraordinario silencio con jóvenes que asaltan las calles, gritando, con movimientos desiguales y caóticos, con colores y comportamientos excéntricos. Siguiente escena, salida de una fábrica, silencio, una cola organizada, tonos grises, solo el tren que pasa rompe la verticalidad de la puesta en escena y su sombrío silencio de caras que miran hacia el suelo.

Con este contraste comienza Blow up, la ciudad es la gris y efervescente Londres de los años 60, opuesta a la melancólica París donde Cortázar sitúa su cuento Las babas del diablo.

Antonioni construye la historia sin los elementos referenciales del relato, es difícil o imposible determinar si hay causa efecto entre una escena y otra, entre una acción y otra. El relato avanza pero no a partir de un arco dramático  lineal, ni por puntos de giros, ni complaciendo el placer vouyerista del público y la satisfacción que busca y le produce el desenlace prometido.

Los elementos de la historia son otros, Antonioni ya manifestó que no se trataba de hacer películas para el público sino de hacer películas lo más bellas posible. Esto provoca que haya sido considerado por muchos como insoportable y soporífero autor. Pero Blow up, acompañado de la exquisita música de Herbie Hancock y una vanguardista estética Pop quedará marcada en el imaginario colectivo, reflexionando sobre la mirada de una manera que pocas películas han conseguido. Los objetos, los fetiches e incluso las situaciones parecen ser reales o ficticias, importantes o superficiales, sólo en función de nuestra mirada y la turbación que nos provoque lo que miramos.

La película está llena de interrupciones continuas de quietud e inexpresividad combinada con arranques vertiginosos y violentos. No puedes utilizar la lógica de espectador  para prever que ocurrirá.  Nuestra mirada está llena de ficción, la forma que tenemos de construir el mundo también  y por tanto los relatos pueden organizar nuestra experiencia del mundo de diferentes maneras y no de una forma lógica, lineal y coherente.

La distancia es el horror, decía Bergman. Antonioni al final empequeñece a sus personajes en la distancia, rodeado de lugares vacíos y obliga al espectador a forzar su mirada, su imaginación y que sea él quien decida y determine lo que es real de lo que no lo es, dentro de la historia.

El juego de Cortázar en Las babas del diablo, también exige una atención especial. Cambio de narradores de primera a tercera persona, que son o no  la misma persona,  y combinación de la realidad y la ficción.  Acabamos conociendo la totalidad de realidad a partir de ver lo que ocurre en el momento presente, que nos impide tener toda la información del suceso, y la información posterior que nos viene dada por la ficción de una fotografía que de por si siempre es pasado.  Solo nos quedan cuerpos o imágenes.

No es de extrañar que la crueldad o no de los acontecimientos siempre sea definida por la mirada de cada sujeto. Reflexionar sobre ello y aproximarnos a una construcción colectiva de la realidad es el gran reto de la posmodernidad o hipermodernidad.

Sergio Domínguez

@sedocamax

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