La necesidad de “La flor de paper”. Reflexiones entorno a la obra.

CartelFdPPosicionarse se ha convertido en una de las mayores dificultades de la contemporaneidad. La fragmentación de pensamiento y las infinitas interpretaciones de cualquier hecho social, político o cultural lo dificultan. El problema de posicionarse solo es equiparable al de mostrar un suceso a través de la complejidad, los diferentes puntos de vistas posibles y la necesidad de reflexionar antes de tomar partido.

La flor de paper enfrenta directamente a sus personajes y al espectador a una de las posibles peores situaciones. ¿Qué ocurre cuando miras a cara a cara al terror? ¿Es posible superar el horror? ¿En qué te convierte el hecho de haber vivido ese terror…?

La escritura de Roger es de una concisión abrumadora, sus palabras están escalofriantemente en el lugar que deben estar y no en otro posible. Sus palabras golpean una y otra vez pero desde la perseverancia nunca desde la violencia. Y eso provoca que el silencio se apodere de la sala generando un clima de inquietud, no se trata de una tensión desgarradora, más bien su discurso  instala al público en un estado de alerta continua.

Indudablemente ayuda el juego narrativo que propone, nada de orden  lineal, la historia se mueve con gran habilidad entre lo real, lo onírico y lo desconcertante. Tal vez en este sentido, el orden de la palabra corre el peligro de alargarse en el tiempo de manera que el espectador caiga en una especie de dispersión del tiempo. Pero ante esa situación emergen las interpretaciones. Joan Serrats es un actor de enorme presencia y fuerza, considero que se encuentra más cómodo en el movimiento y la acción. En cambio el texto le fuerza a una rigidez que Joan consigue dominar y tras una clara contención se libera haciendo que suceda la máxima función del actor, que la diferencia entre personaje y realidad se funda en una sola. Enfrente tiene a Georgina Asin, la cual vuelve a sostener el peso de una historia a partir de la perversa capacidad que tiene de obligarte a mirarla a ella y solo a ella cuando entra en acción. Se contiene cuando se le obliga a contenerse, no elude la responsabilidad en ningún momento y en su escena onírica, empequeñece  y desplaza el espacio a su propio cuerpo de tal manera que solo ella existe. Tal vez en esa escena no hubiera sido necesario ningún accesorio más que ella misma, aunque qué decir. Es, en esta caso, la maravillosa tragedia de la decisión del director. ¿Exagero o cometo excesos en mis comentarios? Más bien me posiciono, pero es sencillo, solo tienen que ir a verla y ya me dirán si pueden dejar de mirarla.

Por otra parte Pere Selvas consigue la difícil tarea de intervenir en momentos en que el público está centrado en el duelo entre A y B. La solvencia de su actuación se mide por su capacidad de darle sentido al contenido y sentido del texto y por representar al funcionariado gris, técnicos sin alma desprovistos de sensualidad que diría Max Weber.

Resaltar el espacio escénico, cuando entras a la sala con el espacio descontextualizado, parece poco más que una broma conceptual (post)moderna. Pero cuando todo comienza, la línea en que se mueve, entre lo superficial, lo banal y lo sublime se inclina indiscutiblemente por lo último. Entendiendo sublime por aquello que consigue expresar un concepto en su máxima expresión a través de un minimalismo sobrecogedor. Bergman decía que la distancia es el horror, y cuando las luces se bajan y comienza la función, el horror ya está presente a partir del espacio. Si hubiera un presupuesto y recursos ilimitados la concepción del espacio sería absolutamente la misma. El espacio vacío llenado por el propio vacío.  Massimo Pernice acompañado de Irene Jimènez consigue aquello que Bresson decía para el cine. ¿Por qué proponer tocar con dos violines sin con uno es más que suficiente?

Mis reflexiones sobre La flor de paper parten absolutamente desde el punto de vista de espectador, no he estado presente en el proceso y simplemente me dediqué a sentarme y a disfrutar. Mi análisis tienen la veracidad de mi obstinada sinceridad en cuanto a escribir se refiere. Reivindico absolutamente obras como La flor de paper, ésta y cuales quieras transiten por los mismos lugares.

No es fácil moverse al margen y proponer a partir de la libertad textual, escénica e interpretativa. Puedes conectar o no con la obra, puedes incluso obviar y excluir su discurso. Pero La flor de paper es la necesidad de un teatro que reivindica su lugar a partir de su manera de expresarse, de (re)presentarse, de buscar referencias en otros lugares, de auto gestionarse, de resistir y de confrontarse.

Además de todo eso, La flor tiene la valentía de proponer desde el lugar de la ficción una situación que de una manera u otra no habrá más remedio que enfrentarse a ella, porque al terror no dejaremos de enfrentarnos nunca.

Tal vez estemos construyendo una sociedad en que lo importante sea el proceso de construcción y no su resultado, es como si estuviéramos construyendo constantemente un edificio donde luego no querremos habitar, como afirmaba Dostoievski.

La flor de paper tiene la valentía de soñar. ¿Algo más necesario?

@sedocamax

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Una respuesta a La necesidad de “La flor de paper”. Reflexiones entorno a la obra.

  1. Albert G. dijo:

    Reblogged this on Passió pel Teatre and commented:
    “Posicionarse se ha convertido en una de las mayores dificultades de la contemporaneidad” @sedocamax sobre “La Flor de Paper”

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