¿Ficción y realidad o ficción sobre ficción? Cineastas de Pensotti en Temporada Alta

El director argentino Mariano Pensotti estrena Cineastas, su última obra experimental en primicia estatal en el festival Temporada Alta 2013. Este análisis también está publicado en el blog del festival. www.apuntsdetemporada.cat en catalán.

Cineastas indudablemente comienza con una declaración de intenciones. El ritmo será innegociable y la narración omnipresente. La puesta en escena también te ubica al instante. El espacio como metáfora de la pantalla fragmentada en dos, recurso transportado desde lo visual. Por tanto antes de conocer nada, antes de que suceda nada, el público está avisado. La obra se jugará en dos lugares absolutamente diferenciados. Uno, un piso estándar de una ciudad que puede ser cualquiera, con algunos detalles de originalidad pero más bien impersonal. Y el espacio de arriba, minimalista, versátil, blanco, la pantalla cinematográfica pero con profundidad.

Todo comienza con una entrevista, con los medios de comunicación contraponiéndose a la dificultad que tienen los cineastas de explicar su obra en los términos que marca los Media. Pronto las voces se superponen, aparece repentinamente un actor-narrador que hará la función de voz en off y que se hará presente a lo largo de la obra intercambiándose ese rol entre los diferentes actores. En el escenario de arriba ya suceden cosas.

La primera sensación es que el director tiene un gran dominio de la puesta en escena a partir de los diferentes recursos narrativos escénicos y de la imagen. Clara influencia de la televisión, del cine y del teatro más contemporáneo. Pero sobre todo la sensación es que la obra se mueve en la simultaneidad de sucesos y la necesidad continua de focalizar tu atención en un lugar o en otro. Todo esto es más típico de la experiencia de navegar en internet a través de la la multipantalla, es decir pestañas abiertas por todos lados donde la economía de la atención juega un papel fundamental.

En este sentido Cineastas es más una experiencia de multinarraciones, de juego constante de puntos de vistas. Considero que su propuesta se mueve entre la ficción dentro de la ficción, es una historia que contiene diferentes historias, historias entrelazadas que se van sucediendo a un ritmo vertiginoso. Pero no es un juego entre la ficción y la realidad. La ruptura de la ficción en el teatro, la superación de la convención ficcional tiene diversas referencias en la historia del teatro, como puede ser por citar algunos, la idea de la convención consciente de Meyerhold, el constructivismo ruso o el teatro bretchiano. El cine también goza de múltiples estrategias para reflexionar, romper y saltar los mundos de la ficción y la realidad. Desde Haneke como el más cercano a toda la tradición del cine llamado de no-ficción. Nada de esto se observa en cineastas.

La idea de que la realidad se está descomponiendo en imágenes es muy común en el debate postmoderno, todo gira en torno a la realidad o irrealidad o multiplicidad de realidades. Tal vez Cineastas se ubique en el concepto de cultura y simulacro de Baudrillard, dónde se afirma entre otras cosas que nos hallamos en una situación de hiperrealismo, donde se difumina las distinciones entre los objetos y sus representaciones, y donde solo nos queda la simulación, el simulacro de la cultura.

Cineasta insiste en que la ficción ocupa un lugar predominante en la realidad, pero para mí su discurso se difumina, se pierde al abordarlo únicamente desde el punto de vista de la ficción dentro de la ficción. ¿Dónde queda la realidad? ¿Qué lugar ocupa? Precisamente está es una de las críticas al discurso postmoderno, por mucho que la sociedad actual se conforme a partir de la imagen y que ésta cuestione la realidad e incluso se apropie de nuestras experiencias, el sujeto es y seguirá siendo real aunque construya la realidad a partir de elementos ficcionales. Pensotti cuestiona los elementos de representación en la ficción pero en ningún momento se acerca a la realidad.

En cualquier caso, la propuesta de Cineasta es inteligente, interesante y asume cierto riesgo pero como experiencia se mueve más que en el simulacro de Baudrillard en la sociedad líquida de Bauman, en el imperio de lo efímero de Lipovetsky, su solidez se desvanece en el aire.

Pensotti parece conocer bien una gran parte del funcionamiento del mundo del cine y entiendo el deseo de sus reflexiones. Pero los personajes adolecen de cierta superficialidad y estereotipos. El director neurótico de la gran ciudad, al que se le diagnostica una enfermedad terminal y pretende (re)construirse como última oportunidad de permanecer. La mujer inteligente, de mediana edad, que se busca así misma, con problemas de identidad, emancipada en cuanto a pensamiento pero siempre dependiente de un hombre, ya sea el padre, su marido o el amante. El director de cine “outsider”, que busca la violenta transgresión, más cercano a lo freak que a otra cosa pero que inexplicablemente se va integrando al sistema que rechaza, como si al final no hubiera otra opción más que la de la búsqueda del éxito, no hay posible salida del sistema. O la talentosa directora que se enfrenta a una nueva película que es imposible de escribir sin caer en el temido melodrama complaciente y condescendiente. Aunque es cierto que el autor aborda estos clichés desde la ironía no consigue ir más allá.

El aceleramiento del ritmo narrativo puede provocar el efecto contrario. El exceso del ritmo, más que a fuertes sensaciones te lleva a la dispersión y a cierta desconexión. El arriesgado cambio de narrador haciendo presente la voz en off en escena sobrecarga más aún el ritmo. Si bien es un riesgo que se muestra interesante al principio con el paso de la obra se vuelve molesto e innecesario. Es cierto que por ejemplo la voz en off en el cine casi siempre va asociada a la sospecha. Todo aquello que no puedas contar con imágenes no lo hagas con palabras, reza la convención. En cineastas ocurre algo parecido, en ocasiones esa voz en off no hace más que duplicar funciones. E igual ocurre con las palabras, en el texto aparecen frases que parecen justificar el discurso de la obra. Pero  las palabras en escena por si solas no se erigen en significantes y por supuesto no crean significado.

La obra se mueve entre cierto realismo mágico urbano y un surrealismo más dirigido a la comicidad que a una reflexión profunda sobre las maneras que tenemos de representarnos. Todo este conjunto te remite a la experiencia de la lectura diagonal de la sobreinformación y saturación de internet, a la supremacía de lo anecdótico más que a la profundización de reflexiones necesarias entre la ficción y la realidad.

El público acabo intensamente entregado y así lo demostró con sus aplausos. Y me gustaría acabar y resaltar por encima de todo que el trabajo actoral es espectacular, no dejan ninguna brecha abierta, todo fluye de una manera continua e intensa, su interpretación es hipnótica porque absolutamente no hay ninguna duda de que detrás se encuentra un trabajo excepcional y delante un talento que no admite discusión.

Pero en mi relación de espectador, y analista en este caso, escribir algo diferente hubiera supuesto para mi instalarme en la ficción y no en la realidad que yo viví.

 

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