El teatro como ejecutor de su desaparición

En Barcelona un grupo de teatro publica en la red la no continuidad de su obra a pesar de la intención de prorrogar de la sala[i]. El argumento es demoledor e incuestionable, no hay manera posible de rentabilizar el trabajo. La renuncia se convierte en símbolo gracias a la red y a que parece un hecho insólito y de difícil decisión renunciar justo en el momento del reconocimiento del trabajo. Una vez más Internet, ese espacio desterritorializado, provoca reacciones ante una situación de sobras conocida por todos, largamente sufrida por muchos y generalizada. Pero la paradoja del mundo actual hace que el reconocimiento de esa realidad y su debate se provoque en la virtualidad, en el espacio sin territorio y no en la dramática realidad cotidiana del teatro, cosa que por otro lado no deja de ser un síntoma. Desde la red un director concluye con precisión; “El teatro es caro… pero para quién lo lleva a cabo[ii]” y se pregunta si vale la pena una sociedad sin teatro.

Me reencuentro con el texto de Baudrillard La simulación en el arte y leo un pequeño artículo de Freud llamado “El poeta y lo sueños diurnos”. Esto me hace escribir situándome desde otro lugar.

Baudrillard se preocupa por el destino de las formas artísticas en la época moderna y contemporánea. Centra el problema en el destino del arte en relación directa con la desaparición general de las formas, de lo político, lo social, la ideología y lo sexual. Mientras más valores estéticos hay en el mercado menos posibilidades hay, de un juicio y placer estético. Afirma que hoy ya no se sabe, al mirar tal o cual cuadro, o performance o instalación, si están bien o no, y dice que ni siquiera tiene ganas de saberlo en verdad, está como en suspenso, pero es un suspenso que no ofrece excitación alguna que no es intenso, es un suspenso más bien de la neutralización y de la anulación.

Está claro que nos enfrentamos al destino del teatro a partir de una operacionalización del arte en general. Pero en el mundo del teatro por su condiciones de producción (prefiero decir de creación) encontramos ciertas características propias que intentaré profundizar, sin ninguna pretensión, simplemente como sujeto interesado en el arte y su relación con lo social, lo político y psicoanalítico.

El teatro como objeto de consumo y de masas

El teatro parece estar incapacitado para sobrevivir en el sistema actual de producción dónde todo pasa por la tecnificación, la reducción de coste y la máxima productividad. Esto es literalmente imposible para el teatro, no puede competir como objeto de consumo para las masas. Cualquier obra necesita una inversión técnico-artística a menudo incompatible con su rentabilidad. ¿Cómo competir como objeto para las masas cuando el arte está realizado en todas partes? Cuando estamos como dice Baudrillard en la estetización total de mundo.

El público del consumo de masas busca principalmente el evento, el acontecimiento, la espectacularización de la experiencia, esto se lleva a cabo a partir de la mecanización de los procesos y la fácil accesibilidad a ellos. El evento se puede encontrar en cualquier lugar de la ciudad, cualquier espacio transitado que dé margen a lo inesperado o a partir de los grandes acontecimientos celebrativos, festivales, grandes competiciones deportivas, etc. En el teatro esto se consigue generalmente con los grandes musicales, las producciones con gran soporte mediático, algunas obras encumbradas entre todos (si se mueven entre la comedia y el melodrama mejor) y otras estrategias de consumo del mundo del espectáculo de producción en masa.

Pero no, el teatro pertenece al mundo improductivo, a lo dionisíaco, a lo litúrgico, lo ceremonial, lo orgiástico en palabras de Maffesoli. El teatro necesita de la complicidad para que acontezca, necesita ser un encuentro único en un momento dado entre alguien, una fantasía y un objeto. Es un intercambio simbólico que diría Baudrillard.

Ahora bien ¿cuál es la reacción general del teatro? La adaptación al medio, su integración, el reconocimiento del sistema. Y lo hace entre otras cosas apostando por la gestión, el artista se convierte en gestor y sus creaciones pasan a ser proyectos, el autor, director, actor, etc. se transforma en un técnico que automatiza o peor aún ejecuta y gestiona procesos convirtiéndose en consumidor de sí mismo. Existe una imposibilidad de distanciarse, de la implicación total de los procesos, producción, creación, distribución, comunicación…

La búsqueda de público también se incorpora a esta lógica, la gestión de público. Las salas incorporan poco a poco las estrategias de gestión de público que rigen el coaching empresarial, la nueva empresa y las novedosas lógicas de consumo. Como ejemplo, el proceso inverso, primero buscar el público y después encontrar una obra que se adapte al perfil de ese público, como fórmula de reducción del riesgo.

La endogamia en el mundo del teatro y su modelo dual.

El teatro siempre ha sido un mundo cuando menos dual. En el que encontramos categorías de artistas con éxito y reconocimiento mediático, bien posicionados y el resto que se mueve en un permanente tránsito de precariedad y vértigo buscando su oportunidad de integración. Esto se ha agravado últimamente porque los bien posicionados ya no lo están tanto y extienden sus redes ocupando los espacios de los que pretender entrar. Me gustaría afirmar que existe una tercera categoría de los que viven en los márgenes y buscan la disidencia sin la pretensión o la necesidad de ser aceptados pero no tengo tan claro su existencia.

Respecto la endogamia, no es única del teatro, todos los sectores y más en este país se mueven por lógicas cerradas o de movilidad reducidas, ya sea a través del intercambio entre ellos mismos, siempre los mismos, el corporativismo u otras estrategias similares. Pero en el mundo del teatro esto se da con especial intensidad. El más alto valor que puede tener alguien que se quiere dedicar al teatro es su capital relacional, sus redes personales y su capacidad para mostrar que él por si mismo puede ser objeto de atracción de público. Poco tiene esto que ver con el talento o el insistente trabajo. Todo pasa por poder presentarte como un valor seguro y no precisamente a partir del talento o la propuesta.

Los espacios de formación, hace tiempo que se dieron cuenta de esto y en su oferta más que una promesa de aprendizaje de conocimiento, ofrecen un lugar donde adquirir mayor capital relacional que asegura más la posibilidad de éxito que la relación con lo puramente artístico. Gestionan la relación, las redes y sus itinerarios, se convierten en puertas de entradas. Si se consigue el éxito, suele haber más reconocimiento de estas instituciones que del artista o lo artístico en sí. Además hay que resaltar que el conocimiento en la dramaturgia, la dirección, la interpretación y otros ámbitos se automatiza, se estandariza cada vez más. De esta forma no es difícil comprobar que las técnicas de dirección, escritura e interpretación se confunden y se homogeneízan, equiparándose cada vez más lo cinematográfico, lo escénico y lo televisivo. En la convicción que lo que importa es el conocimiento de las técnicas para su aplicación al espectáculo.

El teatro es conservador.

De nuevo esto es una particularidad muy propia del teatro. El teatro se muestra impermeable a la hipervelocidad de la sociedad actual, utiliza los mismos medios de producción de siempre y se mueve en una enorme nostalgia anti moderna. Baudrillard dice que las soluciones más radicales siempre se inventan justo al comienzo de una gran contradicción. Ejemplos de transformación en tiempos convulsos son la propuesta de Kantor y su teatro  gestado en la segunda guerra mundial[iii], el teatro dialéctico de Bertolt Brecht o el teatro aplicado a la revolución de Meyerhold entre otros.

En la actualidad no hay absolutamente ningún indicio de transformación, más bien al contrario se buscan fórmulas de adaptación al mercado. Como ejemplo la aparición del microteatro, objeto de consumo, que permite reducir costes e intenta maximizar el beneficio en relación a la inversión (no quiero decir que no se hagan cosas interesantes en estas representaciones, tan solo que más que una manera de resistir lo entiendo como un intento de ser absorbidos)

Pero además de ser conservador en sus formas también suele serlo en su contenido. Recuerdo haberle leído a Alan Bergala que el arte para seguir siendo arte, tiene que ser un germen de anarquía, escándalo y desorden. Crear siempre desconcierto en la institución[iv]. Nada de esto se aprecia en el mundo del teatro actual.

En la fábrica del lenguaje, Pablo Raphael su autor nos provoca afirmando que todos somos neoliberales, haciendo referencia a una generación de escritores pero que bien podríamos extender al resto del mundo del arte en general. Una vez aceptados y asumidos los deseos del capitalismo, no hay marcha atrás, toda una generación ha sido absorbida por estos deseos y su fin no es otro que el del reconocimiento, el éxito, el ubicarse en el adentro, resistir para mantenerse dentro. Y para ello se utilizarán todas las estrategias posibles.

Pasolini ya en los años 70 advirtió que el mundo de teatro está muerto porque no tiene ningún interés por la cultura, mostrando un pensamiento de terrible contundencia y que más que discusión generan un inquietante silencio.

El teatro es excesivo e hipersensible.

Baudelaire fue quien le quitó el aura al artista[v], en un ejercicio de mirar al artista desde  la modernidad que se abría a los sentidos en aquellos momentos. El mundo del teatro en ocasiones parece resistirse a vivir sin esa aura.

Los excesos en el teatro se aprecian en primer lugar en las enormes diferencias que provoca el modelo dual, de estar dentro o fuera. A veces es incompresible todo lo que se hace para encumbrar ciertas obras, autores, actores, etc. Estamos en la imposición del pensamiento positivo, lo fundamental es el éxito. Esto provoca una hipersensibilidad en la relación con la crítica. Dice Baudrillard que la crítica ha desaparecido porque toda obra de arte lleva implícita su propio comentario. Pero eso es comentario y no crítica porque no hay la distancia necesaria para el juicio, el espacio crítico desaparece, la crítica se ha visto vampirizada por el propio arte.

El teatro se suele mover en un mundo que ausenta, que excluye la crítica negativa o analítica. Cualquier objeto de crítica suele provocar reacciones excesivas de rechazo. Hay una sensación que desde dentro se debería ser más colaborador, más cooperante, el teatro no deja ser cosa de todos. Esto provoca en ocasiones que cualquier crítica que distorsione se interprete como la osadía de un enemigo. De esta manera eventos como los festivales por ejemplo parecen estar exentos de crítica, o que de las salas grandes o pequeñas apenas existan comentarios críticos. En general los críticos se convierten en consumidores compulsivos de obras cuya función se reduce a una experiencia líquida por la que fluyen recomendaciones. Se limitan a recomendar o apoyar y en caso de tener una opinión negativa neutralizar su discurso y dar rodeos sin fin para no hacer evidente su contrariedad. Lo contrario siempre es susceptible de ser sancionable. La autocensura también forma parte del juego.

El teatro se busca asimismo en el teatro, se autoreferencia. Su narcisismo le impide salir de sí mismo y sobre todo buscar respuesta fuera del propio teatro y no desde un lugar de auto-complacencia. El mundo del teatro no es precisamente un lugar disidente por esa misma razón una simple renuncia en un momento exitoso se erige como símbolo de lo que desaparece.

Conclusión.

En El poeta y los sueños diurnos, Freud equipará el juego a la fantasía, y la fantasía al arte. Advierte que todos tenemos fantasías pero que la ocultamos porque nos avergonzamos de ella y si la dijéramos en voz alta, las fantasías carecerían de valor y serian vergonzantes para el otro. En cambio el poeta cuando nos explica sus personales sueños diurnos, sentimos un elevado placer. Cómo lo consigue es su más intimo secreto; en la técnica de superación de aquella repugnancia, relacionada con las barreras que se alzan entre cada yo y las demás, está la verdadera ars poetica[vi].

El mundo del teatro tiene que buscar esa complicidad de la que habla Baudrillard, ese encuentro único al margen de la decepción.

Por eso considero que no se trata de tomar medidas imaginativas, de forzar acuerdos o mejorar la gestión del sector, esto sin duda es necesario y puede ayudar aunque pienso que esas reivindicaciones deben estar englobadas y sumarse a una lucha intersectorial, transversal y común, no siendo exclusiva del mundo del teatro.

Por otro lado la ausencia de políticas culturales o mejor dicho la imposición de políticas culturales ideologizantes, la manipulación de las masas, la desestructuración de la sociedad, la desaparición de lo social, el simulacro de la cultura, afecta directamente al teatro pero sólo el teatro mismo puede evitar ser testigo directo de su desaparición.

Acabo con Baudrillard. El arte desencantado parece aprender a vivir en la banalidad, a reciclarse en sus propios desechos. Pero el arte está hecho para seguir siendo ilusión; si entra en el dominio de la realidad estamos perdidos. El teatro puede ser testigo de su desaparición o tal vez reaccionar.

Cómo el psicoanálisis nos dice habrá que vivir sabiendo hacer con el síntoma.

No dejo de preguntarme por la contundencia en la afirmación de Pasolini.

Sergio Domínguez

Roses-Girona

@sedocamax

 

 

[i] http://www.nuvol.com/noticies/qui-subvenciona-la-cultura-en-aquest-pais/

[ii] http://www.nuvol.com/opinio/el-teatre-es-car/

[iii]Teatro de la muerte y otros ensayos. 1944-1986. T. Kantor.

[iv]La hipótesis del cine. Alain Bergala.

[v]El pintor de la vida moderna. Baudalaire.

[vi]El poeta y los sueños diurnos. Freud 1907 (1908)

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19 respuestas a El teatro como ejecutor de su desaparición

  1. Javier Ortiz dijo:

    Hola:
    Soy Javier Ortiz, de la sala madrileña El Sol de York. Me encantaría conocer la historia de esa compañía. No deja de asombrarme que no nos enteremos de estas historias que nos afectan a todos cuando estamos trabajando en lo mismo, con los mismos problemas y a veces con situaciones de las que podemos aprender.
    Te agradezco el post y te agradecería también la información.
    Un saludo

  2. xesartena dijo:

    Reblogueó esto en xesartenay comentado:
    El teatro se busca asimismo en el teatro, se autoreferencia. (No es halago)

  3. jorge alejandro suárez rangel dijo:

    Toda esta ola de muertes hace referencia al decubrimiento de Federico: la muerte del creador. continuamente nos olvidamos de la naturaleza de esta referencia y caemos en el lugar común del sentido común, dejando ver nuestros verdaderos intereses: mezquinos y desafortunados.
    La muerte de dios no fue causada por abandono ni pobreza, es el principal punto a revisar por los geniales opinologos de hoy; las masas acudían a los templos y las arcas estaban llenas.
    El momento en que el ídolo judeo.cristiano gozó de mejor salúd, fue justo cuando estaba prohibido, cuando se le adoraba a escondidas, cuando nadie imaginaba ni por asomo en el sacrilegio de obtener ganancias a costa de su divinidad. Lo mismo afirma Dario Fó del teatro.
    No podemos poner al teatro en la misma balanza de las religiones: vida y muerte. El teatro no es una cuestión maniquea.
    Aunque su analisis de la parasitosis burocrática que navega con bandera de “artistas” sea acertada y profunda, no puede usted hacerlo desde los parametros que los parasitos han plantado en su cerebro. Piénselo.

  4. Hola, escribo al pie del balcón.

    Muy interesante tu reflexión, que invita a elaborar las propias y al intercambio de puntos de vista.

    Creo que en gran medida tu artículo responde a una vía de hacer teatro, que se circunscribe a las salas y un formato especifico.

    Desde hace años, retomando “El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música” De Firederich Nietzsche, me parece que el teatro contemporáneo se enfrenta al extremo proceso de su expresión apolínea (de ahí que el narcisismo que bien señalas, no resulte extraño). Ha dejado de lado su expresión Dionisíaca para que como arte recupere su vocación subersiva que le permita “seguir siendo arte” y “ser un germen de anarquía, escándalo y desorden”.

    No escapamos a un proceso histórico de larga duración (llámese capitalismo, llámese indsutrialización, llámese ilustración, etc.) en el que el teatro no puede ni tiene por qué competir. Afortunadamente, el teatro es completamente inútil en términos marxistas: difícilmente será susceptible de convertirse en mercancía.

    Creo que es importante que quienes lo creamos ( y en nuestro contexto, lo financiamos) recuperemos la necesidad de lograr el coito apolíneo-dionisíaco, y dotar de nuevo al teatro de su espíritu popular en los términos que Mikhail Bakhtin describe como parte de la cultura popular.

    El teatro, mientras pretenda ajustarse a los formatos industriales que calca del cine y la tv, no podrá tener una vinculación con el ausente público. Habrá que sacarlo del contexto tradicional y conservador de las salas y llevarlo a los espacios en dónde se encuentra el público. Implica renunciar a lo que considero fútil necesidad de convertirse en “figura” o “celebridad”, pues el teatro no entiende esos códigos, solo entiende, como diría Peter Brook, el de la inmediatez, el de la representación: el hacerse presente y hacer presente. La ausencia en las salas (ya sea en la butaca o sobre la escena) resulta más que elocuente.

    Saludos

    Aarón

    • Aarón, no puedo estar más de acuerdo con tu reflexión. Creo que complementa lo que expongo en mi análisis. Siempre cuando escribes algo, sobre todo en internet quedan muchas cosas no dichas.
      Efectivamente Nietzsche y su nacimiento de la tragedia es fundamental para entender que está pasando y hacia donde se está desviando el mundo del teatro. La relación de parentesco con el cine y la televisión o podríamos decir con el mundo de la imagen dispersa y obliga a construir nuevas formas de teatro. Respecto a la figura o celebridad, totalmente de acuerdo.
      Gracias por compartir tus ideas.

      • Cierto, difícil poderlo escribir todo, pero tu post ha sido realmente interesante, provocador y necesario en éstos tiempos. Qué mejor que seguir exponiendo las ideas, contrastando puntos de vista y enriqueciéndonos. Abrazos y no dejes de escribir.

  5. Muchísimas gracias por tu post, por la claridad y la crudeza. A momentos he sentido escalofríos, como aquella frase de 1984 “los mejores libros son aquellos que nos hablan de lo que ya sabemos”. Creo que describes la situación con total amplitud. Desde hoy comienzo a seguir este blog. Un abrazo!

  6. Pingback: La decepción y el exceso de Llibert | el balcón de la espera

  7. hector dijo:

    gracias por esta reflexion no me sorprende solo confirma lo que vivo a diario en mi pais
    .

  8. Estimado Aron, gracias por esa excelente y oportuna reflexión.
    Permítame empezar este comentario con palabras de un gran hombre de teatro, Brecht. “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay hombres que luchan un año y son mejores. Hay otros que luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay quienes luchan toda la vida esos son los imprescindibles”
    Para quienes decidimos transitar por el camino del teatro como proyecto de vida, el teatro se nos vuelve imprescindible aunque haya momentos en que sentimos que el cuerpo y el alma tienen un límite y parece que vamos desfalleciendo, siendo deber levantarnos con la bandera en alto.
    Si ustedes en su tierra se sienten así, cuando están dotados de espacios de trabajo y experimentación, la desolación es más grande cuando se carece de ese espacio durante años y años sin esperanza de conseguirlo, como tu bien lo dices por falta de políticas culturales, yo le agregaría de voluntad y buenas intenciones de quienes se adueñan de la cultura. Nuestro grupo este año cumple 40 años de labores ininterrumpidas y carecemos de sede
    Hago este comentario desde Colombia, más exactamente Cartagena de Indias donde parecería que la lucha es aún mayor donde se lucha por tener una dramaturgia propia y no copiar modelos o la última moda europea, o de otras culturas más desarrolladas para no dejarnos llevar por el colonialismo cultural, como muchos colegas que en sus montajes utilizan la técnica por la técnica, porque se ve bonito y hay que domesticar al público para que vea y le guste un espectáculo que nada tiene que ver con él, porque ya no es la obra de teatro sino el espectáculo, producto de un emprendimiento cultural para creación de las empresa cultural que es lo que nos están vendiendo

    • Hola soy Sergio, el que escribió el artículo, agradecerte primero tu comentario y decirte que bueno si bien es cierto que estamos dotados de cierta infraestructura, permíteme dudar de que esos lugares realmente sean de experimentación. Una de los grandes problemas que tenemos aquí, es que nos hemos quedado vacíos de contenido e incluso de forma, es como si no tuviéramos nada que decir, nuestra resistencia ha desaparecido y difuminado a niveles alarmantes. Mi articulo se ha leído y comentado más en países como México, Colombia, Argentina, Venezula…por aquí ha reinado más que todo el silencio. Es muy dificil generar debate y mucho más entrar en conflicto, la cultura del consenso (que por otro lado no existe) nos hace mucho daño. Así que desde aquí todos los ánimos y respeto a vuestra lucha en Cartagena por esa búsqueda propia al margen de lo aburridamente y desechable establecido.

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