La decepción y el exceso de Llibert

Tenía una gran expectación por ver la obra teatral de Llibert, sobre todo después de todo el debate sobre las condiciones del mundo del teatro que se generó a partir de lo que se denominó en redes sociales “el cas Llibert”[1] y porque generó el análisis en este blog más leído hasta el momento. El teatro como ejecutor de su desaparición. https://elbalcondelaespera.wordpress.com/2014/05/05/el-teatro-como-ejecutor-de-su-desaparicion/

El éxito de público, crítica y el debate alentaban mi deseo. Pero se demuestra que lo previo a un espectáculo no siempre es suficiente. Me es difícil escribir críticas o análisis negativos, porque considero que siempre hay en ellas implícita cierta injusticia. Sobre todo por lo que respecta al trabajo que supone levantar una creación, las horas dedicadas y las dificultades. Pero también es cierto que cuando escribo algo, lo que sea siempre vuelvo a la máxima de Francisco Ayala cuando afirma que todo contenido debería responder a un designio inquebrantable de veracidad (lo que, subjetivamente, quiere decir, sinceridad). Desde el lugar de espectador sincero debo decir que Llibert me ha supuesto una enorme decepción y por supuesto intentaré argumentar esa decepción.

En Llibert, el público ocupa parte del escenario, se sitúa a ambos lado de una escenografía central, minimalista. La protagonista entra a escena y rompe la convención pidiendo al público que apague los teléfonos móviles, quizás este sea el único efecto que incomode al público. La obra empieza con cierta fuerza y pretensión, jugando con lo que será su basa principal, el tratamiento de lo sonoro, pero muy pronto se desmonta para mí. Cuando tienes expectativa sobre una obra, o una película, o un concierto siempre tiendes dar tiempo para descubrir en lo que se te (re)presenta los misterios de lo que deseas, pero lo cierto es que no he podido conectar con la propuesta en ningún momento y desde un principio he sentido una gran desconexión con lo que se representaba. El vídeo que se proyecta con la música que suena deja clara las intenciones y los referentes de Llibert. Tal vez por eso al ver que se proyectaban imágenes de mujeres embarazadas dispares entre si y que entre ellas se encontraran imágenes de la película Juno, me han hecho desconfiar de la profundidad y el tratamiento a lo que es un gran dilema ético el tener un hijo con grave parálisis cerebral y qué  hacer.

El espacio a pesar de ser mínimo, parecía enorme, deshabitado tal vez fuera esa la intención, teniendo en cuenta que se nos quiere transportar a una fría y desolada sala de espera de un hospital pero el efecto no se consigue. Como tampoco el hecho de que la tragedia se nos presente en oscuridad, obligando al público a imaginar que es lo que ocurre tan solo con la narración de lo que acontece, como si la oscuridad fuera el estado en que se sumerge la protagonista tras el trágico suceso de complicarse el parto y tener un bebe con daños cerebrales. La escena se alarga en el tiempo y la confusión que se quiere mostrar no parece obtener la contundencia deseada.

Las actrices se esfuerzan en llenar el espacio, pero sus movimientos no son suficientes y su intensidad es excesiva, a veces hiperexcesiva. No se aprecia fuerza o contundencia ni en el discurso ni en la expresión. Además me descoloca enormemente las referencias localistas y mediáticas que a forma de gag utiliza el texto y las actrices para conectar con el público. Realmente es un gran problema la influencia de la industria del entretenimiento en artes como el teatro.

¿Pero de que va realmente Llibert? La obra pretende abordar un tema polémico, un dilema moral y humano de primer orden desde la perspectiva de que más vale enfrentarse a la vida incluso riéndose hasta de las situaciones no deseadas, que tal vez hay que marcar distancia porque en toda tragedia existen situaciones grotescas. Pero el efecto que consigue es el más temido de todos, frivolizar el contenido y caer en la superficialidad. No puedo llegar a identificarme en el caos burocrático e institucional del que se ríen y critican en Llibert, porque la crítica es superficial, en ningún momento va más allá de la anécdota. En el cine existen dos artículos de referencia en cuanto a la moralidad en la realización fílmica. El travelling de Kapo de Serge Deney y De la Abyección de Jacques Rivette(2), en ambos artículos se juzga con severidad y severidad moral la película de Kapo de Gillo Pontercorvo por el “travelling de aproximación para reencuandrar el cadáver…” El travelling es una cuestión moral o la moral es una cuestión de travelling, así se forjó el debate. En el teatro urge una reflexión que sea extrapolable y que pueda debatir de la misma manera la moralidad en la puesta de escena teatral.  ¿Y por qué digo que Llibert es moralista? Porque expone el conflicto exclusivamente a través de la palabra y no de los acontecimientos, porque no da la oportunidad de juzgar a los personajes, porque impone un punto de vista único, porque la música no funciona como elemento desgarrador sino como mero subrayador de emociones. Hay un momento en el que la protagonista se acerca a su marido (interpretado por una actriz que interpreta diferentes personajes) por detrás y justo cuando va hablarle empieza a sonar unos acordes de guitarra que consiguen un efecto emocional edulcorado y posiblemente innecesario. Además de que después de que toda la obra la protagonista no desee la vida indigna de su bebé, en un momento dado, aparece una madre que tiene una hija que necesita un trasplante que no llega, pues tiene que ser de otro bebé y escasean. De esta forma el texto le da la oportunidad de salvar a la protagonista ante la posibilidad de realizar una buena obra. El final es lo más moralista de todo. Especialmente cuando se despiden de Llibert, de su muerte, con todo tipo de efectos y con un casi metafísico o religioso, “…vola Llibert, vola…” que lo que consigue es o la lágrima fácil y catártica o la frialdad más absoluta.

No se profundiza en el dilema, tampoco se resuelve, la muerte del bebé no resuelve el problema, no se juzga, no se dan alternativas, tan solo se enfatiza en el conflicto mismo, en el poder que tiene por sí solo, sin más. Llibert retrata a una generación la que se aproxima a la cuarentena a partir de sus tópicos y de sus miedos adolescentes. Hay un momento al final que los personajes se muestran desconcertado ante la muerte porque no saben cómo actuar pues nunca han tenido una muerte en la familia. Para mí eso muestra la incapacidad de Llibert de profundizar y su apuesta por la frivolidad, tan solo son los miedos de una generación que pretende ser eternamente joven y que no mira al sufrimiento a la cara. Simplemente lo evita, lo esconde, lo desplaza como hace el propio texto. También hay un ejemplo que me acaba de desconcertar, en un momento dado la protagonista nombra a Medea, en un intento creo adivinar, de hacer una comparativa entre la protagonista y la propia Medea. Gran error pues Medea mata a sus hijos por celos a Jason, como acto de venganza y como necesidad de ser objeto de deseo de su amado,  nada más alejado del dilema que se expone en Llibert.

Pero este análisis es mío y solo mío y tengo que decir que el público brindó un cálido y entusiasta aplauso al final de la obra. También me gustaría remarcar que me parece estupendo que el festival apueste por este tipo de teatro. Aunque no quiero acabar sin resaltar que no deja de ser paradójico que lo que suscitó un debate en torno al precio que se paga por hacer teatro, se presente en un festival cuya entrada era de 28 y 18 euros respectivamente. Y es que es necesario seguir pensando el teatro en todos elementos, formal, moral, económico, social y político. Porque lo que ayer podía ser una carencia hoy puede ser un exceso.

@sedocamax

[1] h http://www.ara.cat/premium/cultura/cas-Llibert-fracas-cultura_0_1132686795.html

http://www.nuvol.com/noticies/el-sindicat-dactors-es-posiciona-davant-del-cas-llibert/

http://www.nuvol.com/opinio/el-teatre-es-car/

Aquí encontrareis el articulo de Jacques Rivette. http://misteriosoobjetoalmediodia.wordpress.com/2010/05/18/de-la-abyeccion-jacques-rivette-1961/

Aquí el travelling de Kapo por Serge Deney

http://www.cinefagos.net/index.php?option=com_content&view=article&id=442:el-travelling-de-kapo&catid=30&Itemid=60

 

 

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2 respuestas a La decepción y el exceso de Llibert

  1. xavicairo dijo:

    Estoy en varios aspectos (no en todos, ni mucho menos) de acuerdo en tu exposición/análisis/crítica del montaje. Es más, hoy he tenido la oportunidad de repetir (ya lo vi hace unos meses en Banyoles) pero he preferido no hacerlo por miedo a que lo que algunas cosas que ya me chirriaron en su momento, lo hicieran doblemente en una segunda ocasión. ¿Espectáculo sobrevalorado? Quizá, pero hasta cierto punto. Hasta el punto de que un montaje que remueve y conmueve al espectador del modo en el que lo hace éste, como pocos lo han logrado recientemente, es digno de encomio (con o sin músicas que refuercen artificialmente las emociones). Hay momentos efectivamente poco afortunados, algunos por la reiteración (el tema de la vaca lechera) y otros, quizá el más discutible del montaje a mi entender y que coincide precisamente con su clímax, por retrotraerme, entiendo que de un modo involuntario, a cierto personaje de dibujo animado que también acababa volando.

    • No estoy para nada de acuerdo que sea un espectáculo que remueva y conmueva al espectador. Sé que su fuerza reside en ser esencialmente “colpidor” Pero para mí una cosa no es impactante y llega a las vísceras del espectador simplemente por tener la valentía de tratarlo. Hay que exponerlo, desarrollarlo,expresarlo y hay que hacerlo en toda su complejidad y con todos su matices. La elección de un tema delicado no te hace delicado, la elección de un tema intenso no te hace intenso, la elección de un dilema moral no te hace sacudir mentalidades en cualquier caso te puede salir algo frivolo, pretencioso y superficial sin ser tu intención claro está. La representación de ciertos temas delicados requiere un mayor esfuerzo que el simple deseo de llegar a la gente aunque es cierto que hay que valorar ese esfuerzo. La resolución uffffffff….En cuanto a la sobrevaloración de los espectáculos en general, no digo de este, requiere un análisis a parte y en profundidad. No entraré a responder directamente la pregunta que haces, aunque por mis palabras se ve mi punto de vista. Pero la forma de presentar el espectáculo me recuerda a Baudrillard cuando dice que toda obra lleva implicita su comentario pero este no es crítica es simple comentario porque no tiene la distancia adecuada. Un exceso más, habría que ser más cauteloso y dar más margen al espectador

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