La necesidad y límites de una nueva forma de producción cinematográfica. #littlesecretfilm

“…el verdadero [cine] no está detrás de nosotros, dado que no cesa de reinventarse. Incluso enfrentado a los nuevos desafíos de la producción, la difusión y el consumo, el cine sigue siendo un arte de un dinamismo pujante cuya creatividad no está de ningún modo de capa caída…”

“…El cine conoce hoy una mutación de fondo que afecta a todos sus dominios, a la producción tanto como a la distribución, al consumo tanto como a la estética fílmica…no es el fin del cine sino la aparición de un hipercine…”

Empiezo citando a Lipovetsky y Serroy en su libro “La pantalla Global” para hacer un análisis de cómo  la nueva forma de producción cinematográfica que representa #littlesecretfilm, promete ser accesible a todos, tanto en su producción, como en su distribución. Todo ello bajo una serie de reglas bien sencillas. Entre las que destacan grabar en formato digital en 24 horas, con equipo reducido, improvisación en los diálogos y con financiación mínima sin remuneración alguna en los colaboradores.

¿Pero qué es y qué significa realmente este nuevo modelo de producción?

En la sociedad hipermoderna hay una preponderancia e íntima relación con la imagen. Alguien me dijo que la cinefilia es un estado adolescente que hay que superar, pues en la actualidad es imposible el ideal de ver absolutamente todas las películas producidas en la historia del cine.  En la sociedad del exceso una obra de teatro afirma que se necesitarían las ininterrumpidas horas de 90 años para ver todas las películas producidas en la historia del cine[1].

Todo aquel que gozó alguna vez de hacer cine sabe que hay una especie de incapacidad de renunciar a esa satisfacción. Y aquí entra #littlesecretfilm y su sentido. Su décimo y último precepto es pretender ser una manera diferente de producir, dirigir, distribuir, estrenar, consumir, sentir y amar el cine. Aquí está, para mí, la clave de todo. Producir cine en condiciones de mercado se convierte en tarea casi imposible pero el deseo de hacer cine es mayor que aquello que lo condiciona.

¿Cuáles son las ventajas y los límites de #littlesecretfilm?

Como ventaja número uno, claramente la de poder crear en el cine, tener esa posibilidad que es una enorme posibilidad por sí misma. Además de poder hacerlo absolutamente con total libertad. Un largometraje #littlesecretfilm es un acto de libertad tanto de contenido como de forma. También te permite hacer cine sin dinero y eso creo firmemente que es una ventaja. Cuando en el mundo artístico precario y sin recursos un equipo trabaja sin dinero, paradójicamente se trabaja con una enorme profesionalidad, implicación y los conflictos están bajo control pues todo el mundo es consciente de que el esfuerzo tiene que llevar al éxito por el bien de todos. En cambio cuando aparece el dinero, escaso, el conflicto está sobre la mesa y la manera de distribuirlo, de valorar el trabajo profesional se convierte en un enorme problema. Ojo no estoy defendiendo un modelo de producción sin cobrar, los artistas y técnicos deberían ser valorados y se debería respectar su trabajo y profesionalidad y su precio. Pero esto sería en un entorno de mercado profesional serio y posible. Yo hablo de producciones que se hacen al margen, con recursos mínimos, precarios e insuficiente pero que a pesar de todo salen adelante por el esfuerzo del equipo. Sabéis de lo que hablo  ¿Verdad?

Otras de las ventajas es que el público, la crítica y la industria parecen haber aceptado los largometrajes producidos bajo estas reglas. Así lo muestran las innumerables referencias en medios especializados, blogs y redes sociales, al igual que los increíbles números de reproducciones de algunas películas y la participación de éstas en algunos festivales y el interés por algunos canales de televisión como Calle 13 y Canal plus. En principio #littlesecretfilm ha logrado situarse fuera y dentro de la industria y goza de la complicidad de un público que tal vez busque de una vez por todas constituirse como el espectador emancipado del que habla Rancière[2].

Pero como no puede ser de otra manera las películas #littlesecretfilm tienen sus propios límites. Evidentemente grabar en 24 horas y lo que eso supone es la principal. Aquí encontramos dificultades técnicas que en cualquier caso pueden ser comprensibles de cara al espectador a la hora de contextualizar una película sin presupuesto. Desde la llegada de internet la recepción de la imagen ha cambiado. ¿Pero que ocurre con el contenido, con el desarrollo del mismo y el ritmo? 24 horas es un reto, un riesgo y una necesidad continúa de ser creativo para solucionar problemas y hacer avanzar la película. Y esto me lleva a la limitación más compleja para mí, la improvisación de los actores en los diálogos más que en los movimientos. La improvisación en cine es casi una quimera. En el célebre libro de Truffaut entrevistando a Hitchcock, Truffaut pregunta a Hitchcock sobre si practica la improvisación. A lo que el inglés contesta que de ninguna manera y le devuelve la pregunta sabiendo que Truffaut si parece haber trabajado a partir de improvisar, alguna vez.  Pero el francés afirma que no funciona que a veces ha hecho improvisar a los actores ante una escena pero que acabó cogiendo notas de lo que allí había sucedido y reescrito la escena a partir de esos apuntes.  El riesgo es así y la fractura que podría provocarse entre público-interpretación parece haber sido aceptada. Y supone un espectacular reto para los actores y la dirección.

Para terminar solo diré que si bien #littlesecretfilm es un acto de libertad y de amor como propone su manifiesto, su limitación más grande es precisamente esa. Según Lacan todos somos sujetos-en-falta y buscamos en el petit objeto a, esa falta, calmar esa insatisfacción continua, encontrar ese deseo inalcanzable por perdido. Si se piensa que se alcanza ese objeto, si se confunde con el ideal, aparece el delirio.

[1] Ficción de Pensotti. Ver análisis aquí. https://elbalcondelaespera.wordpress.com/2013/11/26/ficcion-y-realidad-o-ficcion-sobre-ficcion-cineastas-de-pensotti-en-temporada-alta/

[2] El espectador emancipado. J. Rancière.

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